Vestir una palabra

Madre: imaginas tus críos sentados a la mesa con sus manitas suaves y miradas repletas de luz tocando el cielo, en un anochecer. Pinta el mundo tu falda con un color violeta y semeja tu rostro un olivo estrellado, viendo crecer los hijos que muy pronto se irán. Cuán infinito puede el amor de la madre vestir una palabra y guardar los abrazos sin importar las horas que crecen en los párpados y los silencios largos anudando la vida con hilitos de amor. Avemarías recita en constante plegaria. ¿Por quién suplicas, madre? ¡Por los hijos, por los hijos que se quedan…por los hijos que se van!

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