Una vez

Tus pies sobre los míos
sobre la ligera arena.
Patas de gallo frente al Sol,
pero la vista era buena:
el calor quitó el vestido
y el vestido quedó en la arena.

Me entraste de mano al mar
rompiendo de lado las olas.
La playa fue de los dos:
tu boca y la mía iban solas
sintiendo el sabor de la sal,
la sal que traían las olas.

La corriente brindó aquel momento
de lúcida embriaguez de amor.
Bebimos, sin más, de esa fuente
de dulce y ardiente el licor.
Tus dedos rozando mi cuerpo,
mi cuerpo sin miedo al amor.

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Interesante poema, José Alejandro.

Un gusto.
Que te vaya bien.

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Hola Ivka, gracias por estar. Abrazos :upside_down_face:

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