Una flor de amatista

Una flor de amatista amarilla.
Una brisa leve en torno al puerto.
Unas campanas tocando el fondo lejano.
El fondo de la tarde desde su crisálida.
Sabia, rocío, pregunta. Sabía una estrella del fuego trizado.
El mirlo fatigado dejó su canto en mi hombro,
la sierpe desgranó su coraza en estambres y cegadores pétalos.
Nacer, suceder, sucederse,
en la espalda y el vientre de la noche espaciosa,
o en el mar, o en el dorado día.
Es respiración lo amado,
es eterno mar la existencia.

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