Una colina

Una colina
con una cruz en ella.
El cielo azul.

Un bello cuadro
que atrapa al senderista
cuando lo ve.

Llegan cansados
los cuerpos y las almas
del montañero.

Allí descansan,
reponen bien sus fuerzas,
para volver.

Después de un rato,
los cuerpos reforzados
están dispuestos.

Hay que bajar,
de nuevo, de las cumbres
hasta la aldea.

Vuelven a casa
los cuerpos muy cansados
con almas sanas.

Llevan caricias
repletas de ternura
de las alturas.

Y entregarán,
la gracia conseguida
a sus amigos.

Rafael Sánchez Ortega ©
16/10/20

*Es quizás el recuerdo y la nostalgia de tantos días subiendo, con esfuerzo, hasta llegar a esa cumbre y alcanzando esa cruz, ese “hito” o esa referencia que marca que has tocado el “techo” de ese lugar solitario y encantador de la montaña. *
Allí es donde enmudecen las palabras y se alegra la vista con todo el panorama de alrededor, mientras la piel se estremece ante la caricia lujuriosa de la brisa… Recuerdos de llegar y tumbarse para ver la inmensidad del cielo y sentirle más cerca y tú, volar, entre las nubes, con unos sueños infantiles y sin nombre…

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Precioso, Rafael! Te acompañé en ese paisaje que transitas en tu Norte verde. Bonitos versos.
Un abrazo, compañero.

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Hermosas imágenes, poeta!!!

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@mariaprieto
@luciagomez1956
Gracias por vuestras palabras.

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Gracias Noracris.
Un saludo.

Muy bonito Rafael.
Un saludo compañero

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Gracias Marttucca.
Un saludo.

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