Un punto rojo en atmósferas

Eran casi las seis
y aún seguíamos en la carretera
rodando como piedras.
Nuestros cuerpos cansados nos ardían.
El Sol
ya como un punto lejano
encapsulado por su círculo de atmósferas
fogoneaba ardiente entre las copas
de los negros árboles
rojeaba con su último estertor
igual como lo hace un latido en los ojos
en donde palpita
anidándose
la bilis de una vieja rabia
un rencor antiguo
un demonio diurno
sumiéndose en un sueño obligado
por el giro rotatorio
que lo hunde
en la tiniebla subhorizonte.-

Chane García.

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