No es leyenda esta historia que cuento
es de un tiempo en que el aire vibraba.
Fue una tarde de pájaros quietos, crepitaban
los pies en la tierra. Tú llegaste cubierta
de mar, yo recién me caí de una estrella.
A tientas juntamos las sillas. En la máquina
al fondo del bar “troubled water” sonaban
dos voces —yo entendía solo la mitad—.
Aunque “bridge” no era un juego de cartas
en mis ojos brillaba un farol.
Tú enseñaste tus manos abiertas,
derramando silencio y bondad… yo
al momento dejé de apostar. El rubor
de tu piel confirmó que no eras sirena;
yo tampoco bajé de una estrella.
Mi mirada veía una Diosa (tú decías
“cansada y pequeña”) y yo solo
un soldado de a pie.
Como un cuento pasó aquella tarde,
hora a hora una historia crecía,
las palabras decían verdad.
Titilaba un dolor en lo oscuro, por la barra
saltaban las olas llenando de espuma
tu vaso y el mío. Tu voz se acercó a mis
sentidos recitando unos sueños en verso.
Cuando Venus asoma su cara e ilumina
la escena de luz, caracol de escalera tu
pelo, no hubo duda por donde subir.
Ya de noche abrimos la puerta, lloviznaba,
salimos del bar. Mis manos formaron un
puente y te dije: “ya puedes pasar”.
Me trajiste viejos recuerdos con este poema, de tardes cálidas de invierno en rincones del bar preferido, oyendo la misma canción una y otra vez en aquella máquina.
Esta vez, Simon y Garfunkel, con su puente de aguas turbulentas…maravilloso.
Preciosos versos y hermosos recuerdos, amigo!
Abrazos, Rafa!