Ella, tierna luz de mis espacios de agua.
Mujer de ojales y encajes.
Singularidad que me atardece
un cilantro de su piel a mis ojos.
Y allí recuerdo, ahí tengo memoria.
Tengo cuerpo y alma.
Puedo recuperar mi herencia en los manzanos.
Puedo orar un silbido de angustia,
para desenredar alguna ave taciturna.
Varona, lleva en su boca una luna
y el hijo de una luciérnaga…
Como deseo sus labios
y el firmamento de su fiebre,
su oratoria en la barriga de un arrayán.
Lugar donde nadie la encuentra,
donde yacen sus pequeñas joyas maternas
y su cuaderno de cuero y sal.
Sus lágrimas son azules y sus lentes
son vertiente de clarividencias,
de prosas algebraicas y tildes.
Mujer de espada, alma de castillo
y corazón de seda.
Ella lleva un nido de serpentinas
para la fiesta de su sonrisa,
y tiene una espina y una rosa
para brindar por la epifanía de sus letras,
a los niños que ya existían,
cuando el océano apenas
se preñaba, para hacerla poetisa del viento.
Sus lágrimas son azules y sus lentes
son vertiente de clarividencias,
de prosas algebraicas y tildes.
Mujer de espada, alma de castillo
y corazón de seda.