Un pianista harto virtuoso
decidió cortar sus dedos
porque enérgico el meñique
dijo así:
«Al estilo religioso,
a mi alcance pon los credos:
que imitado el rey Enrique
sea por mí».
Con emblema igualitario
descargó la guillotina…
sin cabeza en noble cuello
sangre escurre.
Nivelando el cuaternario
ya no existe sonatina:
proporción del rostro bello
no concurre.
¡Ay, pianista del error!
¿Nuevo altar has levantado?
Lo homogéneo ¡con lo digno
lo confundes!
Tu hecatombe es un horror,
¡realidad has inmolado!:
contrahechura parió al signo
que difundes.

