Necesito saber que estoy solo.
Que toda la corrupción y podredumbre
que encierro en mi ser
no puede salpicar a nadie,
sea cuerpo o espíritu,
presencia o recuerdo.
Aún así sé que estás cerca
y temo tropezar.
De ahí la distancia, el silencio,
lo espaciado del recordar.
Tengo miedo de las bestias que contengo
pues, aún acarreando sus tormentos,
habiéndome acostumbrado a su yugo,
no soportaría que rozaran a un ser querido.
Y, si acallando a mis demonios
enmudezco yo,
quedaré con el consuelo
de que mi silencio,
mi distancia
y mi olvido
son amor.