Temblaba el cirio

Temblaba el cirio
que lleva, entre las manos,
el penitente.

Tú le mirabas,
atenta, en tu ventana,
y hasta nerviosa.

Le conocías
sabías quien se hallaba
tras ese embozo.

Pero callabas
el grito que asomaba
a tu garganta.

No puede ser,
decías, susurrando,
para ti misma.

Pero allí estaba,
su sombra, deslizándose
por la calzada.

Días de otoño,
de agrestes primaveras,
te rodearon.

Y te abrazaron
recuerdos imposibles
ya caducados.

Cierras los ojos
y el alma con candados.
¡Todo es un sueño!

Rafael Sánchez Ortega ©
01/08/22

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Muy bonito.

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Gracias Marttucca.