Te vi nacer las lágrimas
antes de que brotaran de tus ojos.
De como el yugo del tiempo
ahondó de surcos tu cuerpo.
Mis ojos vieron
la curiosa primavera
confundirse entre tus huesos
y con un halo de esperanza
tu corazón revertirse de iris.
Oí hablar a la creación
y de todas las voces, te oí a ti
alimentar de nanas
el mañana de tu vientre.
Porque el tiempo es un fruto
que comemos con las ansias de un hambriento.
Sentí en tus manos la poesía florecida
cuando me sostenias ante el universo
y junto a tu pecho me diste el amor
de toda la creación.
La palabra justa que enciende la vida
y nunca termina de buscar.
En memoria de
Dolores Sánchez Ortiz.

