Tacoa

El pedacito de cielo que se filtraba entre los barrotes, hacía ver que la lluvia era torrencial, ningún pájaro se aventuraba a cruzar aquel estrecho rectángulo verticalizado por el duro hierro. Las pupilas de un hombre minimizado por el efecto de lo que los humanos llamamos justicia, se esforzaban en succionar aquellos rastros distantes de luces entre una atmósfera grisácea, formada por una espesa neblina.
En aquella hora, de una tarde cualquiera, aquel hombre, convertido en excedente del inventario social, echaba a volar su imaginación ya estéril por el rigor de la prisión, reconstruía viejos recuerdos de otro tiempo pasado. Recordaba que los rayos y los truenos representaban el antagonismo de la ilusión que la lluvia trae con sus gotas. Recordaba el petricor sobre los campos calcinados por la acción del fuego. Recordaba las restricciones en los recreos de la escuela, impuestos por maestras con vocación de carceleras, para no ensuciar el piso del salón. Recordó también, a un viejo maestro (aunque no pudo recordar su nombre) con la cabeza envuelta en canas que le dijo:
—No es lo mismo traicionar a los que se apoderan de la patria, que traicionar a la patria, ningún pequeño grupo de hombres; es la patria, La patria es la suma de todas sus gentes y sus cosas—.
Vagamente recordó también, que una vez salvó su vida corriendo. Un diecinueve de diciembre amaneció ardiendo Tacoa, (un pueblo litoraleño donde operaba una planta termoeléctrica).
Las llamas cubrieron casi todo aquello que se puede quemar, incluso la gente. Aquel joven corrió, corrió, hasta que las primeras gotas de lluvia le hicieron parar, desde allí pudo ver y oír la segunda explosión.
Ahora, tras las rejas, (ya viejo) se recrimina:
— ¿Para que corrí tanto?.. De haber sabido en aquel tiempo, que mi vida iba a ser tan infeliz, me habría dejado abrazar por las llamas—.

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Lo siento, pero no puedo parar de llorar, lágrimas de tristeza, de recuerdos de un día tenebroso en donde las llamadas calcinaron todo a su paso en nuestro amado litoral, el fuego cubrió pieles inocentes de ciudadanos comunes, de salvadores (bomberos), casas, perros, gatos, otra grieta en la historia que lloraremos eternamente.
Un tristisimo relato del cual quiero rescatar:

Continúo con mí llanto conmovida. Gracias por ese genial relato. tqm

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Que bello y sentido relato, toda una lección de humanidad y de sentimiento social y reivindicativo, con un cierre tristemente penoso y desolador, la Infelicidad toda una espina en el alma, amigo!!! Abrazos!!

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Tremenda cuestión se plantea… ¿sobrevivir para no experimentar más que infelicidad o dejarse atrapar por un final seguro? Cuánto subyace el dolor por la patria, amigo. Excepcionales reflexiones en esta prosa!

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No son lágrimas gratuitas, lo sufrimos con todo el dolor que pesa en el alma. Son recuerdos no felices , pero también valen en el peaje del olvido.

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Gracias Minada por esas palabras de apoyo;es un estracto de nuestra historia visto desde otro canal. En el año 1882 explotó una planta termoeléctrica en Tacoa un pueblo litoralense muy cercano a Caracas, murieron 160 personas en la explosión, fue en caso muy triste.

Fue un época de la historia muy dolorosa, pero está prohibido olvidar, muy bien que traigas esos temas al tapete

Bella, sentida y profunda prosa, querido @ludico1964. Siempre es un gusto leerte. ¡Saludos!

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«Cuando lo manda el destino
Ni lo cambia ni el más bravo
Si naciste pá martillo
Del cielo te caen los clavos»
Muchas gracias por tu lectura Juan Carlos, saludos

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Tremenda y dolorosa historia. Con tus palabras nos la has trasmitido perfectamente. :disappointed_relieved:
:clap:t3::clap:t3:

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Gracias Galilea por retransmitir esa impresión que yo sentí, saludos cordiales.

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