Soñoliencia

De noche Galatea caprichosa
a la mañana siguiente
Maritormes con carraspera,
yo un pobre caballero
sin adarga ni sueños.
Ensimismado en el reflejo
de una luz intermitente
recorriendo las aceras
de una ciudad soñolienta
cada vez más despojado
de ternura y acicates.
Corroído por la duda que me asalta
cuando voy a doblar una esquina
y no encuentro un rastro
que me orienté hacia su rendija
donde ansío cobijarme
de gigantes y de tumbas.

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