Soneto.- la inspiración no duerme tranquila

La inspiración no duerme muy tranquila
si a cascar se le obliga de repente,
cuando a cualquier asunto hincarle el diente
los pelos del bigote nos depila.

Habrá quien sin pudor un duende alquila,
que dándose de leches en la frente
le sopla maravillas a su cliente
borracho por efecto del tequila.

Quizás aprovechando la ignorancia
el incauto se deja cautivar
por la exquisita labia del poeta,

y si obediente fue desde la infancia
acudirá a la iglesia a confesar
cuando proceda al toque de retreta.

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