Soneto.- cuando un embaucador nos come el coco

Cuando un embaucador nos come el coco
dueños no somos de nosotros mismos,
quizás porque entre tantos silogismos
cualquiera terminar pudiera loco.

Por eso ser de piedra sabe a poco
al vivir entre tantos cataclismos,
cuando ya ni siquiera los deísmos
a evadirnos nos libran de un sofoco.

Ojalá un despertar sin ataduras
vivir holgadamente nos permita
sin recurrir a diario al mentidero,

porque siendo cuantiosas las fisuras
a protestar al más pintado incita
antes de pronunciar cualquier te quiero.

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