Soneto cautivo.- a putas y juglares

A putas y juglares
cuando envejecen nadie ya les busca,
ni tan siquiera el capellán se ofusca
en encontrar para ellos idóneos lugares.

Tampoco subirá ninguno a los altares,
ni aunque le muestren su sonrisa etrusca
de buena forma y siempre menos brusca,
porque existan a pares.

Será que nadie les haría caso
si al gobierno mandasen algún día sus quejas
a ritmo de tambores y panfletos,

porque casi seguro nadie saldría al paso
más que para meterlos entre rejas
acusándoles claro de locos y obsoletos.

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