¡Muy lejos me saludan,
las noches perfumadas!
No te quedes afuera,
porque caen luceros
y estoy aquí esperando
con las antorchas vivas
y las manos vacías.
Tu lejanía, no es más
que una caricia recorriendo
la almohada.
Las aves de rapiña
vuelan en los periplos
y el ángel que yo invoco,
parece que no llega.
Los pequeños momentos
que mueren sin tu abrazo,
son como ese refugio donde
paso tan sola, marchando
tras tus ojos, con Dios,
todas las tardes.
Ven pronto,
porque el deseo mío
se irá desvaneciendo
y en los calores densos
del constante verano,
esta piel se marchita
bajo el tono rosado
del cielo vespertino.
“Los pequeños momentos
que mueren sin tu abrazo,
son como ese refugio donde
paso tan sola, marchando
tras tus ojos, con Dios,
todas las tardes”
Dulce melancolía en estos hermosos versos estimada @luciagomez1956 . Saludos fraternos.