Soñaba que estaba despierto y
tropecé con dos caminos,
en uno había rosas,
el otro lleno de espinos.
Sin dudarlo ni un instante
escogí el de las rosas y
al coger una sangró mi mano,
pues también hay bellas flores
con espinas ponzoñosas.
Dolorido y con enfado
seguí por el mismo camino y
a lo lejos vi a un ser
que con los ojos vacíos veía.
Soy la muerte, me dijo el ser y
tu hora no ha llegado, pero,
corre y no te pares,
que el camino de la vida
más que un camino,
es un engaño.
Seguí caminando
por aquel lugar incierto
que me llevó a una luz,
para mi inesperada.
Un arco iris había y
junto a él estaban
la madre mía querida,
mis abuelos del alma y
también todos mis perros,
que de alegría saltaban.
Había paz en sus semblantes y
amor en sus miradas y
con los brazos abiertos
todos querían abrazarme.
De pronto, apareció un hombre,
era alto y delgado y
con suave voz me dijo
¿ hola David cómo estás…?
Yo sin palabras quedé, pero
mi madre intervino y
con mucho cariño me dijo,
es tu padre hijo mío,
que una guerra inútil se llevó
provocada por un dictador
que no puede estar aquí.
Mi emoción fue intensa y
hasta quise llorar y
al punto de hacerlo
este fue mi despertar.
Todo lo había soñado y
como dijo el poeta
Pedro Calderón de la Barca,
toda la vida es sueño y
los sueños, sueños son.