¡Cómo adelgazar con la dulzura de sus besos!
¡Cómo ejercitar los músculos tensos por su mirada!
¡Cómo acicalarme frente al espejo de su hermoso rostro!
¡Cómo quererme con mis manos sobre sus gloriosos pechos!
Persevero, paciente, para participar:
en la fiesta de su carne tierna,
y beber la esencia cristalina,
en el vaso transparente,
de su boca divina.
Y en su sexo maleable,
gran gineceo voluptuoso,
brisaran húmedos al viento
nuestros órganos lujuriosos.
Ya mis deseos colmados.
Y al despertar, sudoroso,
¡Ah, viejo Linneo!
nada de pistilo embriagante,
nada de estambre erecto
tan solo queda el testigo
del dolor de su desprecio.
