En mi pensamiento te encuentro,
camuflada con el silencio
y tonteando como una quinceañera con el miedo.
«El viejo y seductor miedo».
Sal ahí fuera.
Habla con tu hermana la esperanza y que te enseñe el camino.
Y si te da miedo la oscuridad,
que la libertad te preste su candil.
Déjate querer, anda; y que el amor te explique
las no reglas de ese juego.
Te aseguro que robarás corazones a manos llenas.
Y cuando te roben el tuyo, tu hermana la tristeza
te consolará.
«Déjate aconsejar por ella, sabe mucho de desamores».
Huye del odio,
ten a raya a tu hermana la ira
—sé que es difícil, pero nadie dijo que fuera fácil—.
y, sobre todo, no te conformes nunca.
Yo, por mi parte, acudiré a tu encuentro
siempre que lo necesites;
ya sabes que de todos, tú eres mi preferida,
mi pequeña soledad.

