En las entrañas,
un fango de palabras enquistado
ocupa todo el espacio.
El paso no acierta el destino
y roto el horizonte,
un acorde menor acaricia el oído
sin importar siquiera el origen del lamento:
la áspera ternura en un vacío que subyace
bajo los pasos férreos.
Mecerse en la memoria
deviene una plenitud pequeña:
el eco distante de un recuerdo.
Y tras ese silencio
-sal en los labios, soga a las letras-
susurra el viento la muerte de la poesía.
Arde la sentencia:
se han soltado los versos de la vida.
Buen poema, amiga Pequeño-ze
Si hay algo que no morira por fuertes que sean los susurros de los vientos, eso es la poesía, que sobrevivirá siempre, incluso inextinguida la humanidad, si es que eso llegara a ser posible por las locuras de los hombres y las armas.
Fuerte abrazo
Qué gran final, poeta!
Muere la letra, y se desencadena el verbo trascendente del compás de la vida, de la orquestación universal!
Un placer leerte!
Abrazo, @Pequenho_Ze!!