Sentido horizontal I

Hoy te vi llegar con un brillo
extraño en tus ojos.
No acertaste a decir las palabras que buscabas
y te presentí un extranjero.

Sospeché que era el día señalado;
que tu mullida piel
no podría acogerme nunca más.

Volví a ver tus ojos
mientras mirabas el agua bajo el puente;
los mismos tonos, la misma voz, el mismo sueño…,
entre tus manos y las mías.

Sacaste la pequeña historia de tu bolso y…,
como si no importase,
la dejaste caer al abismo que conduce al mar,
silenciándola para siempre.

Cuando conseguí despertar
mi reloj marcaba mil quinientos años más
que la última vez.

Todos mis sistemas estaban intactos;

el viaje estaba apunto de concluir.
Me aproximaba al punto de destino y
lamenté, por primera vez, mi condición mecánica
y cibernética inmortalidad:
estaba condenado para la eternidad
a vivir en tu recuerdo.

Tu frágil estructura no soportó
tan largo periplo; y pusiste fin con el silencio
a todos tus interrogantes.

Un nuevo programa; una misión más;
otros mil años como día y noche, y
mi soledad de pirata cósmico
apenas imperceptible surcando el tiempo.

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