La melodía que danza y lentamente agoniza en el aire; el recuerdo de cada nota se olvida brevemente. Y las dos parejas inertes se sienten solas. No se miran —nunca lo harán—, porque si se miran, notarán que ninguna de ellas existe.
Sí, el secreto de la existencia y el vacío se desliza ante ellos. Y a pesar de todo, no saben lo que ocurre; pero sus manos son inquietas y coquetean como dos luciérnagas: se encienden y se apagan, juegan a querer tocarse, porque ese es el éxtasis que está ocurriendo en ese otro plano, y ellos no comprenden… como tampoco comprenden por qué la música agoniza.
Ahora sus manos se entrelazan. Y es curioso que se sienten uno solo, y que están ahí, adheridos a la misma pared. Pero pasa que las luciérnagas son breves, y ahora ellos lloran.
Lloran porque saben que están solos.
Autor: Obed DR.