Camino
por blancos senderos
de sal y silencio,
donde expiran
las fatigadas voces
del deseo.
Cubro mi cuerpo
con el manto solar;
me desentiendo
del mundanal
duelo de pensamientos.
Esbozo en la arena
un corazón
sin medida,
que se ha de entregar
al viento
de todas las edades,
arrasadas
por el profuso
y despiadado
mar de la vida,
que late
en mis adentros.
Las gaviotas
llevan las hebras
del ocaso;
me recuerdan
la transitoriedad
de mis huellas,
en el devenir
del tiempo.
Sumamente agradecida por tan reflexivo y trascendente comentario, apreciada amiga y poeta!
Es una real felicidad del instante, cuando se afinan la emoción y el entendimiento!
Mil saludos refulgentes!!
Salam aleikum
Un bellísimo poema que lleva tu sello, con un título muy sugestivo y bello y la pintura al óleo que lo enmarca. Me encantó tu versar, querida Silvia. Mi abrazo poético.
“Las gaviotas
llevan las hebras
del ocaso;
me recuerdan
la transitoriedad
de mis huellas,
en el devenir
del tiempo.”
Qué bueno que te guste! La poesía, como todo en esta vida, es vibración, y como tal tiene que vibrar afín con el lector…mil gracias, @wallacegere!
Saludos cordiales y poéticos!!
El cierre certero…el último latido de la vida…
La sal y el silencio se congregan en la difuminada huella, mi estimada compañera!
Un abrazo destellantes, poeta!!