Sabio vaivén

(A un buen amigo, Magistrado ilustre, infatigable “siestero”, y calvo).

Absorto yo en tu clara y noble testa
y en su desnudo nimbo de cordura,
desvelóseme amplia en tu figura
la ciega efigie que a juzgar se apresta.
¡Oh cofre de la ley cernida y pura,
platillo y fiel, balanza en que se gesta
equilibrio sin par…, cuando la siesta
mece, como la mar, tu arboladura!
No, no podrán ponerte a ti de hinojos
el peso de la ley, ni el de tus ojos.
Que no acredita al juez, ni a su sentencia,
la marmórea venda de unos bustos,
sino el sabio vaivén de la conciencia
que se acuna en el sueño de los justos.

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Espectacular y un placer encontrar un poeta que utiliza con amplitud el idioma.

Muchas gracias, Raúl, por tu visita y tu alentador comentario sobre este soneto, que no parece haber tenido tanta fortuna como otros… Un saludo cordial.

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