Relatos

Antes de ayer al caer la tarde, mientras revolvía papeles viejos,
buscando un pequeño libro de historia que había olvidado su paradero,
y que en ese momento me parecía imprescindible para complementar la información
acerca de unos hechos ocurridos hace cincuenta años,
y que estaba completamente seguro
de que ahí, en ese librito menudo, se encontraba
el dato preciso, que el nuevo libro recién salido
sobre este tema había pasado por alto, quién sabe si
por olvido involuntario, desconocimiento, o quizá
como parte de una estrategia solapada para construir
un nuevo relato, para un nuevo pasado. Una nueva
versión de la historia reciente, que deje de lado
algunos asuntos, un tanto complicados quizá,
o incómodos para el poder de turno.
Pero no lo encontré. Por más que busqué y busqué
y todo lo puse patas para arriba, no pude encontrarlo.

Cuando estaba por caer la noche y ya agotado me
disponía a ordenar y guardar, apareció en mis manos
un librillo de poemas, firmado y dedicado, que una vez
me obsequiaste una noche de invierno, sentados en la
plaza de aquel pueblo perdido, recostados a un árbol,
mirando las estrellas. Tanto tiempo sin verte que te
creía olvidada, y ahí estabas en versos delante de mi
alma, otra vez como antes. Y empecé a recordarte, tan
repleta de sueños, mirando al horizonte, desafiando al
destino. Con esas ganas locas de correr y escapar, de
traspasar los muros, de volar más allá de esas calles y
de esos pavimentos.

Teníamos veinte años y las piernas hambrientas de
camino, el futuro en los ojos y en las manos, como un
papel en blanco tendido a nuestros pasos, para salir a
andar y pintar en colores nuestro amor peregrino.
Siempre solías reír cuando te emocionabas, y me
abrazabas fuerte conteniendo un sollozo, y el tiempo
se estancaba, y eras todo lo hermoso que el mundo
podría darme.
¿Qué será de tu vida hermosa compañera?

Cierto es que nunca pude seguirte en ese vuelo, no
tuve tu coraje, tu temple, tu valía, tus pasos decididos,
tus saltos en el viento. Hoy que el tiempo ha pasado
por mis venas roídas, me urge recordarte tan llena de
sentido, y duele tu partida.

Y entiendo con tristeza que en mi historia reciente te
relaté distinta, que me inventé una historia recortada
de abrazos, para poder seguir sin mirar al pasado y así
dolieran menos los sueños abortados, trancados en el
alma. Quise dejarte atrás en un tiempo remoto,
oscuro, indefinido. Oculta entre las horas que se
comen el rumbo, tapada de rutinas y de pasos
cansados.

Fui a buscar una historia y me acechó la nuestra, y es
tanta la tristeza por el tiempo perdido, que sobre el
alma pesan los inviernos pasados.

Ese libro de poemas, arrojado al olvido, desterrado del
mundo de mis pasos en falso, era el dato preciso, la
página faltante del libro de mi vida.

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Buena prosa :clap::clap::clap: Saludos

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Hola Pippo!
Muchas gracias compañero!
Gran abrazo!

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