Hay
un cetro que florece
entre las aristas sonrientes de los labios, y entre los girasoles
cuales amarillentos circunvalan
los anhelos.
Y
hay sonidos
que se desprenden de los ojos cristalinos mientras
revelan el interior.
Entonces la belleza se ha completado infinitamente, pero
antes de que el tiempo se acuñase
en melodías.
O en letras y suspiros.
De
ese modo
los matices copulan el instante de la imaginación, o el del amor,
y por qué no, el del sexto sentido.
Si
en definitiva
despiertas en el álgebra de tu propia clave.