Hay un lugar
donde la calma salta hacia la vista,
calma sin forma, calma como pista,
que ha accionado el resorte de exudar
todo lastre grumoso que resista.
Es un lugar
tan descoordinado que te emplaza,
con su falta de límites por baza
y del trámite exento como encanto.
Desubicado y próximo, muy tuyo.
Quien no lo entienda, allí sentirá espanto
mientras dice tu oído que es arrullo.
De un lugar hablo
donde aquello perdido aún se hospeda,
y más de lo buscado hallarse pueda;
pues cruzar el umbral
es tumbar el puntal
de vulgar a crucial.
Así, maravillado, tu reposo
burbujea memorias
gratas y transitorias,
espeluznando al líquido sedoso
que guarda la emoción.
Y brota la costumbre
de al fin volver a estar donde se ha sido,
donde el significado estuvo asido
para negarle al tiempo la noción.
¡Sorbe toda la paz de su techumbre,
teniendo a la ilusión como artilugio!
¡Revive cada gota que te deje
antes de que se aleje
la puerta del refugio!
Siempre está ese “refugio” aunque sea en nuestra mente, si logramos descubrirlo estamos a un paso de la plenitud, del sosiego, del andar con propósito.
Buenísimo como siempre. Me alegro que vuelvas a regalarnos tus escritos. Me alegro de saberte bien. Te abrazo con cariño
Muchas gracias Varimar. La intención era definir esos refugios personales desde el mío propio y lo has señalado a la perfección. Este es el comienzo de un pequeño proyecto y me alegra saludarte de nuevo. Un abrazo!
Algo tenemos como refugio, de la forma que sea. Y desde mi concepto personal he tratado de generalizarlo en este poema. Muchas gracias Ms Wallace. Abrazo!
Los refugios son siempre lugres ideales, dónde meditar, razonar y encontrar la paz espiritual que necesitan todas las almas, para buscar esperanzados alivio a nuestras penas y la luz que nos alumbre y saque de incertidumbres aclarando nuestras dudas.
Buen poema amigo Ruache.
Abrazo
Muchas gracias Magdalena. Por ese motivo hay que aprovechar y guardarse un poco de esas buenas vibraciones que se encuentran en los refugios para cuando no se pueda estar en ellos. Un abrazo!
a
Afuera la tormenta, no escampa,
las gotas reviven después de la trampa
que tendiera un nubarracho sedicioso.
se es afortunado y en cierto modo pretencioso
de hallarse a las puertas del refugio de Juan Carlos.
Aplausos.
Muchas gracias Domingo. Tormenta hubo, pero eso será un capítulo para más adelante. En este refugio traté de buscar un significado más general desde la experiencia propia. Me agradaron tus versos y tu visita
Muchas gracias Chus. Me alegra que también lo hagas tuyo porque buscaba en estos versos dar una idea más general sin situarlo concretamente, un refugio al que acudir cuando se puede o se necesita. Un abrazo!