Raquela

Grueso nudo de rafia que se nos afila de pronto, en el empalague estridente, de la inoportuna voz de una niña chillona…
Turbia y ‘asolareada’ como los cacaos de antes en aromas de la arábiga canela.
Tucusito hirsuto armadurado de verdes escamas, revolotea nerviosa en la incongruencia de las cosas que dice.
Habla y se comporta con el cariz de una niña vieja; tripona precoz de cuatro años… ¡¡¡Cómo te hace falta estar con los tuyos, en ese país lejano donde no existe la vejez!!!

Chane García.
@ChaneGarcia

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En esta tu prosa siento que esculpes una crítica mordaz con el ingenio de un pintor de palabras.

Hábilmente pintas la imagen de una niña que parece ser más vieja en sus formas y comportamientos, resaltando quizás, cierta nostalgia y alguna distancia de su entorno original.

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Yo le digo por mote, Raquela o sino Raquelaza, y es… tal cual, una niña de cuatro años. Tú no le encuentras el botón de OFF donde apagarla. Como se la pasa —mejor dicho, como se ha criado— todo el día con gente vieja, no ha compartido con otros niños de su edad, pues, Raquel habla y se comporta como una vieja. Dice cosas y las analiza que tú te quedas loco.

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