Qué tortura de sutiles sonidos

¡Qué tortura de sutiles sonidos,
qué suplicante y amedrentado silencio!
¡Qué dulcísono crepitar del cosmos,
qué somnolencia del hombre exánime!
Miseria del agua en el óleo túrbido,
viento noctívago del designio matinal.
Gravedad, pupila de la fría penumbra,
has de encontrarme siempre de pie.
Y al rememorar un infausto deseo,
caigo tendido a las manos del ocio.
¡Ocio perverso, torpe, aciago,
inválido hastío, protervo existir,
insania del tiempo, garganta de rocas,
espejo del agua, vesania del ufano ser!

¡Qué pequeño me siento a estas horas,
qué roto e irreparable soy al sucumbir!
Los lábiles instantes del dios juguetón,
se vierten pétreos a hombros de un niño.
La floja luz que se filtra en esta grieta,
tan hostil como tentáculos de alambre,
me alcanza con la fuerza del vacío
y me hace rogar por mis próximos días.
¡Quiero mi tiempo de vuelta,
quiero mi aire, quiero mi fuerza!
Juro por la sombra que duerme detrás,
que salvaré el cuerpo que antaño fui.
¡Qué alegría de fibras simbióticas,
qué cognición de la materia oculta!

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Que gran poema, a veces queremos rescatar el tiempo, la vida anterior, y la fuerza que la empuja, y lo que trae consigo, pero el tiempo que pasó pasó y no volverá. Genial de verdad me encantó. Un abrazo para ti

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Súplica exacerbada que no puede cumplirse, más es nuestro deseo. Precioso❤️

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Todo es tiempo
Bello
Un saludo

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Muchas gracias por tu comentario.

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Gracias @Magdalena

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Muchas gracias @Checha
Saludos.