¿Qué habría sido de mi vida...?

¿Qué habría sido de mi vida…

si en el cauce tortuoso

del río que nos cobija,

hubiera sido otra orilla,

más abajo, o más arriba,

la que poniendo sus manos

de limo y de celosía,

me acogiera en su seno

y en su seno, mi porfía…?

¿Cómo serían mis noches…

qué sería de mis días,

de los padres que he tenido,

del trabajo que es sustento,

de la casa en la que vivo,

de la esposa que me espera…

cómo serían mis hijos

y los hijos, de mis hijos

que se parecen a mí,

más por dentro, que por fuera…?

¿Qué habría sido de los besos…

del perfume de sus senos,

de las flores, de los celos,

de las manos que sumisas

destapaban los anhelos,

de su sí y mí también

que dijimos en silencio…?

¿Cómo sería mi sino…

qué sería de mis versos…

si las musas del destino

me pusieran al nacer,

otra alma y otro cuerpo…?

En la orilla que me acoge…

tuve unos padres, de espejo,

una esposa que me quiere,

una casa y un concejo,

un trabajo decente…

y unos hijos, que se van,

como nos llega, el relente…

Más abajo, o más arriba…

cuando el río me suelte, manso,

al cauce que nos reciba,

le pido al cielo que me deje,

desnudo, en la misma orilla.

Con los padres que he tenido…

en la casa en la que vivo,

con la esposa que me espera,

con mis hijos y sus hijos,

que se parecen a mí,

más por dentro, que por fuera…

Más abajo, o más arriba…

que Dios devuelva, mi vida…

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Es un honor y un privilegio que le dediques esas palabras, a un sencillo y bisoño poeta, como yo.
Gracias.
Saludos.

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Como dijo aquel, no hay más ahora que el ahora, ni más sino ni destino que el que tienes aqui.
Un cordial saludo

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Hola Eusebio. Te aseguro que si hubiera sido un “hueso de aceituna”, sobrarían todos los versos.
Pero como Dios -o llámalo como quieras- me dispuso en el río, sobre el que tú también navegas, con tantas y tantas orillas y con esa capacidad de pensar, de querer y de sentir que como personas tenemos el privilegio de disfrutar, permíteme que mientras tú sigues porfiando las aguas de nuestra existencia, como una hoja seca que va y viene en el presente, al albúr de la nada… este maletilla que como también te sucede a tí, fluye en las palabras y las metáforas, asido a los días que tuvo y a los que le puedan quedar, siga haciendo uso de esa capacidad de pensar, de querer y de sentir que como personas -hombres o mujeres- tenemos el privilegio de disfrutar.
Un abrazo Eusebio y hasta siempre.

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Gracias Magdalena.
Saludos cordiales.

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Gracias Nora.
Saludos cordiales.

Este poema te salió directo del corazón…sin pasar por la cabeza.
Todo un hermoso poema que condensa una vida que te ha dado mucho!
Hasta me emocioné, porque lo hice mío…
Un abrazo muy fuerte, Joseba! :hugs::rose::rose:

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Gracias María.
¿Qué son el corazón sin la cabeza… y la cabeza sin el corazón…?
Si acaso órganos ajenos que mantienen con vida el cuerpo, pero para nada la razón, el alma y el hálito propio de cada cual. Ese que no nos hace ni mejores, ni peores, pero sí diferentes.
Ceremonia incontestable de los milagros… ¡Cuando el corazón y la cabeza… la cabeza y el corazón, se dicen sí, mirándose a los ojos sin rubor ni alegatos privativos, surgen los versos, las estatuas, los cuadros, las canciones… las personas de bien!.
Saludos cordiales.

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