Minutos de hierro asomados al balcón
de un hoy destemplado;
un cansancio apoderado
de todos los minutos encerrados
en las manos.
Hay rosas en el cielo,
y en su espejo,
se refleja el incansable color
de las mañanas delirantes;
se abren grietas en el suelo,
un mal avanza:
está dentro
retozando con palabras y desvelos;
nadie descansa.
La lucha desigual
de la fuerza versus la templanza
donde el ganador recibe una lápida
exequial
por el esfuerzo.
Y todo es desierto;
gana el destierro de las palabras
más allá del corazón sincero.
Lo pienso…
a veces la vida es puñal lento
en herida que nunca sangra.
El último verso le imprime todo el sentido a tu bello poema, en el que has utilizado la figura retórica de la contradicción. Un gusto leerte poeta.
“Hay rosas en el cielo,
y en su espejo,
se refleja el incansable color
de las mañanas delirantes;
se abren grietas en el suelo,
un mal avanza:
está dentro
retozando con palabras y desvelos;
nadie descansa.”
“Lo pienso…
a veces la vida es puñal lento
en herida que nunca sangra.”
Me fascina la forma como describes ese cansancio que pesa y que no sólo lo siente uno sino muchos, es como si leyeras el alma y reflejaras ese sentimiento que todos callan, pero que tú plasmas de una forma magistral. Es un honor leerte. Saludos cariñosos.