Protectorado

A ver tío, me dices que quieres escuchar la verdad, pues entonces prepara los oídos. Mira, antes de conocerte, yo estuve con algunos hombres. Ya no tengo 20 años y fue Tolomeo, por cierto, mi primer marido, quien me abrió las puertas de las amarguras. Ese hombre arruinaba cada pedacito de felicidad, incluso, también destruyó mis costumbres. Para que tengas una idea, en una reunión con amigos, mi voz no se escuchaba pues Tolomeo hablaba por mí. Es más, cuando orinaba, no podía secarme esa delicada parte del cuerpo con papel de baño, nonono, yo no podía pues, Tolomeo me tenía prohibido hacer lo que hacen las mujeres en todo el Mundo. Para secar mis partes íntimas Tolomeo me compró unas toallitas rosadas. ¿Joder, no me crees? Carlos mi amor, a lo mejor piensas que exagero pero, por favor, no permitas que estas locuras te asombren. ¿Cómo, quieres saber un poquito más? Entonces te cuento. Mira, Tolomeo escogía a mis amigas, y por supuesto, las seleccionaba entre las más feas, y preferiblemente, debían ser solteronas o viudas. A ver Carlos y ahora ¿por qué tienes esa cara? Yolosé, no tienes que decirlo, mis tristezas te entristecen. Pero eso no era todo. Hoy quiero confesarte que al lado de Tolomeo yo no podía trabajar, ni usar móvil, ni conducir ni recibir correspondencia, incluso, no podía conectarme a ninguna red social. Es cierto, al lado de Tolomeo sufrí demasiadas amarguras, no obstante ¿quieres escuchar algo interesante? Carlos mi amor, hace mas de veinte años que Tolomeo y yo nos separamos; sin embargo, con ese hombre me sentí realizada. Es cierto, ni yo misma puedo explicarlo pero, hoy contigo voy a ser muy sincera, a Tolomeo, ¡ya no lo extraño.

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