I
En los amplios espacios de aquel claro
al mirarte quede preso de tus ojos
como la noche de la luna llena
y no supe que estaba yo en mi vida
entregándote mi alma, dando todo
aun cuando mi premio fuera nada
II
En ese instante no sabía nada:
de tu oferta no podía yo estar claro
sino de verte, radiante como un todo.
El reflejo de tu ser rindió en tus ojos
fogosa entrega de cadencias llena
como promesa de vivencias y de vida
III
Y en una noche de caricias llena
se inició ese camino hacia la nada
que premió con mil premios a la vida:
El quererte siempre en mí lo tuve claro
e inmerso en lo profundo de tus ojos
tuve la ofrenda de vivirlo todo
IV
Luego vino el eclipse de ese todo;
Quedó mi vida de tu ausencia llena
y tus sombras jugando con mis ojos.
Tu presencia fugaz voló en la nada;
más para mí tu lugar siempre fue claro:
Retornar sus manjares a mi vida
V
Y mira, pues, que en esta corta vida
regresaste tú a mí, dándome todo
en el inicio de un retorno claro:
Sedienta de mis besos estás llena
y ahora quieres que no quede nada
que no sea develado ante tus ojos
VI
Al fin me has revelado en esos ojos
que estás dispuesta a ofrendar tu vida
aun cuando tu premio fuera nada;
Ya sabes que de mi lo tienes todo
y quiero que por siempre quedes llena
de lo que el infinito siempre tuvo claro:
VII
Que tus ojos siempre han brindado todo
y que prefiero la vida de ti llena
a esta nada sin tu querer tan claro