Poema no entregado II

Dos palomas blancas
izan sus alas para volar por tus pestañas
y en el centro de tus cejas
las nubes forman la serenidad del rocío.

El rocío rejuvenece mis prados
y florecen girasoles en las paredes de tus pétalos
mientras el bello sol que nace
con el solo despertar del paisaje infinito de tus ojos
me guía con sus rayos sutiles
hacia la apática limerencia que a mi alma azota.

¡Ah, niña de brillantes perlas!
Cuan dichoso es el espejo enamorado
que se jacta de tu naturalidad matutina
y narra las complejas historias
ocultas en el valle floral de tus fronteras oculares.

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Maravillosos versos en los que rindes homenaje a la belleza de los ojos de la destinataria de tus letras.

Es toda una expresión elocuente y delirante de admiración por la naturalidad de su encanto matutino.

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Gracias por darte el tiempo de leerme.

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