Respirar,
pero no con fuerza,
si no con la delicadeza de un bebé,
con movimiento diafragmático.
Ganar,
pero no como boxeador o futbolista,
si no con la obsecuencia del niño,
que se levanta de la caída.
Amar,
pero no rasgando las vestiduras,
si no sabiendo acomodar el beso,
hacer braille con el cuerpo.
Mirar,
pero no lo siempre aparente,
si no la esencia de las cosas,
contemplar la delicadeza de la vida.
Y allá va este poema de las pequeñas cosas,
que no quiere ser grande sino pequeño,
quiere caber bajo aquel nido de pájaros,
mientras cae toda esta lluvia.