Perderse

Perdámonos en este laberinto austero
sin faunos ni estrellas dentro del pecho,
donde el fuego es un río rojo y lento
y el mar es una lágrima derramada.
En un grano de arena hay un castillo
que un niño construyo en el alma
en una playa que el viento se llevaba
y dejaba el frío donde el hambre nadaba.
Pesa la cruz de los días y el horizonte
nos hace caminar más de la cuenta
vamos subiendo la cuesta que arriba
los ricos se visten de fiesta.

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