Pedestales de barro

son tantas y me tapo los oídos
bolas disco y granadas por explotar,
el aire, en la cara,
arrugas y mudanzas,
cada una de mis ramas
y sus diecinueve tragedias -.

Palomas y su habitud,
otro paso esquivando
las rayas en el pavimento fuera de casa.
No me puedo quedar pegado a la tranquilidad,
guardar los dedos artistas en un frasco como arena,
ojalá contara con un pacto -
para regalarte el día más amoroso de tu vida,
escondernos con toda la risa
en cualquier infierno y sus calderos de fuego.
O en los agujeros de la mismísima Luna.

Me calará esta inmersión en la miseria,
el yo mismo que ha caído
con el absurdo de esta necesidad.
¡Carajo!
de hacerme sordo y hacerme daño,
probando la existencia sin sentido,
nuestras lágrimas en la blanca superficie
donde alguna vez fuimos uno,
el enjambre rabioso que me acecha de nubes,
la suavidad exenta de brazos que me levanten

estarías aquí,
cantarías esta canción -
con los pulmones al límite de hielo,
lo sé - sería nuestra,
para agredir la estática de añil,
los candados en los mares rotos,
arqueros a nada de disparar
esperanzas con afonías de piedra,

son los años excluyendonos,
crucigramas y bahías,
telarañas explícitas de tu cabello en el suelo,
astros sin gravedad,
tu aliento en los huesos del sillón,
nuestro reflejo en una burbuja,
navajas cortando por dentro esta entraña
o una mañana desvaneciendo en tu voz…

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Hacía tiempo que no leía poesía, y que no te leía, gracias por compartir tus versos!

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