Onírica

Érase una vez un sueño
donde me soñaba
escribiendo un poema.

Al despertar
recordaba haber soñado
que escribía un poema
que no recordaba.

En su lugar mis ojos
descubrieron tu espalda
entre las sábanas,
allí un tatuaje descendía
a lo largo de tu columna vertebral
desembocaba en una daga
hundiéndose suavemente
en tu cintura.

Posé mis manos
con ternura sobre la daga
confiando sumergirme
nuevamente en el sueño
darle una estocada al poema
y ahuyentarlo para siempre.

Fue cuando sentiste mi presencia
y te volteaste hacia mí
para besarnos.

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