En las noches de abril te tornas papiro y desapareces entre suspiros,
Me desenredas los nudos de angustia y dolor que llevo dentro,
Y fría, fría como el hielo; tanto que hasta puede quemarte la piel,
Me acaricias lentamente el alma y te fundes con el compás de mi pecho.
Suenan las campanas de la iglesia del pueblo
Y nos sonríen las golondrinas, a lo lejos, al oír hablar de Bécquer.
Nadan los peces en el estanque de las dudas
Y flotan, sobre el agua en calma, las palabras vacías que un día enviaste.
Porque olvidamos que vivir es mucho más que existir,
Que aunque haya cien cañones por banda en el barco pirata,
No seremos capaces de llegar a puerto seguro sin viento en popa.
Y respirar el azufre más puro en lo alto de la montaña,
Soltarnos y deslizarnos entre miedo y tristeza, soledad y dolor,
Para finalmente acabar siendo un patito feo en un mundo de cisnes.