Ojos de avellana de color esmeralda,
que quemas con tu mirada:
aráñame con tus uñas de gata
y atrápame sin ninguna mano atada.
Reza a la Virgen para que no me escape,
no hacen falta promesas y mucho menos un chantaje,
no tenía intención de que fueras una noche pasada.
Y algo te diré: qué ironía, ser yo tu presa
y que seas tú la que no pueda salir de mi cabeza.