De los antiguos aullidos queda el eco
y una distancia borrosa que sucumbe
al amanecer de un nuevo día.
La taza quema entre mis manos;
retiro las cortinas buscando esa misma calidez en el rostro,
pero el calor del día es inabordable.
Y aquí,
cada latido un trueno esperpéntico
que hace temblar los cimientos del alma.
Qué más da, si no hay otra paz ahora
que la del propio dolor
que muerde todas y cada una de las palabras.
Más abrazo al silencio,
trago de café caliente, sueño helado,
voz de escarcha que grita un silencio
prendido a la piel:
craso error coser a tu voz mi fe.
El cuerpo volátil
se llena los bolsillos de piedras;
es el final de viaje
ahora,
más allá de la niebla,
debo aprender a respirar
con los ojos asidos a la tierra.
Cuando la mirada se queda en la tierra hay un sueño que se rompe. Muy bella contraposición en tus versos con ese calor exterior que no comprende al frío interno. Un abrazo
El mismo aire que envuelve palabras dulces como el tacto de un rizo en los labios, esconde silencios que amanecen con la herida de la realidad deslizándose mejilla abajo. Un poema espléndido a como solo tú nos tienes acostumbrados, @Pequenho_Ze .
Mordemos todas esas palabras pero bien dices, quedan en el nudo en la garganta, por eso no se alza más la mirada.
Hermoso @Pequenho_Ze como el alma que reflejas. Un gusto leerte.
Qué letras expresivas, abordando múltiples sensaciones que exaltan rincones corpóreos y agitan celdas psicológicas!
Me encanta tu estilo, @Pequenho_Ze!
Un abrazo, amiga!