En el firmamento helado
y sin halo de estrellas
las displicentes verdades alejadas
reflejan su enigma sin resolver
y nosotros, frágiles criaturas del destino
nos perdemos en el infinito
de esa noche sin túnica.
Las lagrimas veladas de nuestros ojos
miran como se aleja nuestra historia
en ese cielo sin día, ni noche
y con tardes nubladas
llevándose la ultima sonrisa,
la ultima caricia robada
y el ultimo latir fatigado
de un corazón que se apaga,
en ese tiempo sin instante,
ni momento de tiempo,
que nos toma de la mano
para escribir el final
de una historia que se acaba
dejando su cadencia
y perenne belleza
en esa puesta de sol
que viene y se aleja.
Nuestro ínfima existencia frente a la infinitud de lo inmenso, pero al mismo tiempo resalta aquello que nos distingue de la cosa grande (el sentimiento) que siendo diminuto frente al universo es la gran cosa que nos hace humanos.
Aplausos @Pippo , por el devenir de nuestra historia.