Nostalgia

I

Los recuerdos me saben a hambre.

Hambre de un futuro porque hubo un pasado.

Hambre de un futuro insaciado que no se saciará,
por un pasado que ya digerí.

Se llama nostalgia,
se llama asumir,
se llama estancarse o proseguir.

Se llama ser los colores del mundo y estando ciego pintarlos,
o estar con los ojos abiertos y no querer contemplarlos.

Se llama carne con estrías,
matriz con hijos,
se llamó carácter,
se llamó semblante;
sé llama nostalgia,
se llama a una estatua errante.

Y en esta precisa soledad,
soledad,
abrigo de partículas.

Gesta y gesta de circunstancia en una instancia solitaria
de un instante sin nada… sin nada que no seas tú…
Se encierra el legado vivo como un ataúd.

Se llama otra cincelada a la piedra ya figurada
de pasado, deseo, carácter y nada… que no seas tú.

¡Estatua errante de sombra!

¡Olvido sin olvidar!

De ser porque fue, de ir porque fui,
de sentir con más sentir,
de estancarse o proseguir.

II

Nostalgia: Hábito de sentimientos.
Nostalgia: Óbito de sentimientos.
Nostalgia: Brazo amputado del anhelo.
Grito que solo grita callado, cayado romo.

Nostalgia se llama a eso que la música tan bien conoce.

Nostalgia es el término donde terminó y termino para empezar o morir.

Nostalgia se llama
¡Sé llama!
Llamarada llamada llamamiento.

Hoguera y voz apagadas
que arden y hablan en instancias solitarias,
mojadas y mudas,
ya secas y calladas…
En dimensiones mortalmente redivivas.

Nostalgia no es nada que no seas tú hacia el periplo del ataúd.

Se enciende apagada, se apaga encendida.
Opaca y traslúcida.

Vicisitud.

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