No hacen falta alas

El día despuntó lluvioso, sin sol y con viento de cuaresma. Al abrir la ventana fue esa la primera impresión de Rita. Observó cómo se balanceaban las ramas y caían hojas y flores de la mata de aguacates. Lamentando los frutos que se perdían…

—La Naturaleza es así, por un lado, nos da y por el otro nos quita —Se dijo.

Caminó a la cocina a preparar croquetas de pescado, cuya masa y componentes tenía dispuestos desde el día anterior. Los colocó sobre la mesa y comenzó a hacerlas.

Embadurnadas sus manos, una mosca se le posó en la nariz obligándola a mover la cabeza, pero no se iba, pasó a cosquillear entre sus dos fosas nasales. Llevó bruscamente el rostro a uno de sus hombros, pero la mosca se apartaba de un lado y se posaba en otro de su fisonomía, cosa que le mortificaba tanto que se daba manotazos en la cara y en el aire queriendo azorar al jaquetón insecto. Tenía ya el rostro embarrado como sus manos y el mismo olor a pescado. Y la mosca…ahí, ahí…, ahí.

Como si una fuera poco, otras dos, atraídas por el olor volaron zigzagueantes retando los amagos de Rita, que exasperada, se puso de pie y buscó algo para azorarlas; y lo primero que agarró fue una espumadera metálica con la cual cortaba el aire con fuerza tras las moscas decididas a enloquecerla. Por un zumbido en la oreja se dio con tal fuerza que se hirió con la espumadera y comenzó sangrar.

Sobre la fuente de cristal con la masa de pescado, tiró un espumaderazo tal a uno de los insectos, que ésta cayó al piso y se hizo añicos.

Variando de táctica, la pobre mujer cambió la espumadera por un grueso paño de fregar, que tras humedecerlo para tomara peso, se dio a la tarea de afinar puntería y lanzarlo sobre los insectos, fallando unas veces y otras no. Cosa efectiva, pues logró aniquilarlos uno por uno…; además de romper algunos vasos.

— ¡Hijas de…! —Gritó irritada sin concluir la frase, al escuchar una zumbadora sintonía que acababa de entrar y posarse sobre la masa de las croquetas regada y pisoteada por ella misma en el piso.

Con las manos en la cabeza, se sintió envuelta por un enjambre. Riendo inconteniblemente procedió a dar vueltas y vueltas con rapidez…

¡Y comenzó a volar…!

@Saltamontes

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Tus comentarios son agudos…, siempre. Gracias amiga.
Abrazos

Gracias, compañero. Me recordaste a Serrat y Machado.

No hacen falta alas para hacer un sueño pero para hacer poesía faltas tu.
Lindo relato

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Gracias, a ti, amigo. por la lectura y comentario. Silvió Rodríguez tambien tiene una canción con ese título.
Abrazo

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Qué bueno que te gustó amiga Lidy. Gracias por la compañia.
Abrazo

Jjj que relato más descriptivo y visual, con un toque de humor y de malhumor también, son odiosas, pegajosas e insoportables las susodichas moscas e insectos voladores!!! Abrazos!!!

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La protagonista del relato no llegó a volar, pero por poco…, por el encabronamiento que cogió. Fue una vecina muy cercana.
Me alegro que te haya gustado.
Gracias.

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Gracias Minada, por el comentario tan descriptivo también.
Un abrazo

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Muy divertido relato. Aplausos compañero.

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Gracias, querida amiga
Abrazos

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Eres único Pedro…
Acabo de volar luego de haber estado en esa cocina…
Besote enormeee pa tí.

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Muy bueno y muy original tu relato.
Bravo :clap:t3::clap:t3::clap:t3:

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Me imaginé cada escena, me divertí mucho. Excelente relato mi estimado Pedro. Abrazos cariñosos.

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Qué cómico tu comentario. gracias, amiga
Abrazote

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GRacias, amiga. Un encanto que te guste
Abrazo

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Un millón de gracias, querida Sinmi.
Abrazoite

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