No es un juego

Se empieza

sin saber,

como los primeros besos

de los adolescentes

que se besan

sin saber,

los daños.

Y llegas a un punto

que ya no puedes

ni debes dejarlo,

al final

te reconoces

a ti mismo

que hay muchas

cosas más peligrosas

que esto de juntar

palabras y heridas.

Y luego

ya te haces

responsable

de lo que haces

sabiendo que esto

no es un juego.

Que cada palabra

que ronde un corazón,

que cada palabra

que sueltes al firmamento

puede salvar una vida.

Y eso no es un juego.

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