En la vieja casa, donde transcurre mi existir, no encuentro la soledad. Sus centenarias paredes de piedra, aún cobijan el sentir de antiguas generaciones. Hay un lugar, donde la mano del hombre ha dado vida a la piedra y rodeada está la estancia de pesadas esculturas. Viejas estanterías guardan con sigilo amarillentos libros que encierran el saber de lejanos tiempos y papeles arrugados se amontonan con mil poesías inacabadas. Los inviernos son cálidos. Bajo la enorme chimenea saltan chispas de los encendidos leños que calientan las viejas paredes y el alma del poeta. Se puede pintar desde sus ventanas el amanecer y el ocaso de sin igual belleza, y el canto de los pájaros matutinos imitan celestiales sonidos. En la casa vieja, donde transcurre mi existir, no encuentro la soledad.
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A veces las mismas paredes son un silencio, una alma que no puede salir es muy metafórico pero piénsalo así a veces un cuarto te retiene y no te deja ni respirar por los recuerdos
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Gracias Mateo, has interpretado bien mi sentir. Saludos.
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