Naranja dulce (Romance)

NARANJA DULCE (Romance)

De la ciudad del país,
donde todo naranjero,
te bota la fruta dulce
como lo es el caramelo;
en una parcela estaba
el papá de niño Memo
tan salado como el mar,
y es que no era para menos.

Siempre atento con su siembra
en la limpieza y el riego,
tenía cuatro cochinos
americanos y buenos;
un estanque de mojarras
mantenidas con esmero
y gallinas que ponían
diariamente treinta huevos.

Por los momentos muy bien,
hasta arrancarse los pelos,
cuando observa a su pequeño
pintándose en el espejo…
Le pregunta preocupado:
– ¿¡Qué le pasa compañero!? –
Y el muchacho sin decir
ni una frase por el miedo,

se escabulle como puede
con su cara de muñeco
y el papá con la alpargata
le dice: – ¡Quédese quieto!
Más le vale que me explique
esta falta de respeto. –
Y el muchacho: – ¡No es mi culpa
que yo salga patuleco! –

Después de esto se llevaron
a Memo a que los abuelos:
doña Julia y don Miguel
dos viejitos bien severos,
que tenían la cabuya
bien templada de su ruedo,
para ver si allá dejaba
de botar tanto plumero;

Pero Memo que iba alegre
al salir de su liceo,
por las calles de Guatire
se partía lisonjero
y la gente lo veía
como con desasosiego
y entre varios se decían:
– Éste tiene el semillero. –

Con el tiempo germinó
su semilla ya que luego
de sentir desde el principio
que le pique el agujero,
era lógico pensar
que el muchacho rompa el hielo
y le cuente a su familia
que aquel era su deseo.

Todos le dieron la espalda,
no lo quería ni el perro;
sus hermanos a la vez
lo apuntaban con el dedo.
Aun así Memo pensaba:
« ¡A mi sangre, yo la quiero!
Y algún día cumpliré
mi sueño de ser modelo. »

No se supo nada de él,
hasta llegado el momento
en el que su injusto padre
se encontró bastante enfermo;
de manera que en su tierra
todo tuvo que venderlo
y la madre trabajaba
siendo mínimo su sueldo.

Los hermanos por su parte,
todos en el extranjero,
cómodos al parecer,
no le mandaban dinero;
a lo mejor se trataba
de algún viejo desacuerdo;
¡De tantos encontronazos
que tuvieron entre ellos!

Quien le aviso fue un vecino
que él llevaba en sus recuerdos,
(Jugaban al escondite
en esas noches de invierno);
Que le dijo: – ¡Vente Memo,
tu taita se está muriendo! –
Y éste sin pensarlo mucho
volvió a casa de regreso.

El papá solo quería
tener a sus herederos
frente a su lecho de muerte
para así quitarse el yelmo
y al mirar que aparecía
por la puerta el niño Memo,
por primera vez en vida
sus lágrimas se salieron.

David Contreras
Valencia, Venezuela
(18-06-21)
9807928877450540

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¡Muy bueno, de principio a fin!
¡Conmovedor final!

¡Un abrazo!

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Muy bueno, David.
Qué mérito escribir así… :clap:

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