Mirada interior

Te sentaste en tu sillón
acomodado a tu tiempo,
los párpados cerraste,
como persianas opacas,
colgando un cartel que decía:
“vuelvo cuando pueda”.

Un relámpago salió de tus ojos
y el crepúsculo de tu oscuridad
envolvió con su fulgor
desvaneciéndose la sombra que te sigue
y de la oquedades de la oscuridad
surgen como orugas las palabras
de su letargo invernal
recobrando la vida sin más,
negando respuestas al alma
dejando preguntas de una sociedad
que agoniza en sus sombras.

Las palabras se deslizan
por la ladera de la mente
como lava ardiente
del volcán dormido
del interior de la montaña
que tu espíritu ha creado en el tiempo,
buscando la boca sin palabra
donde sus posos deposita,
el crepitar de sus llamas
reclaman agua y viento
que apacigüe la tormenta
de sus sentimientos.

Sentado desafías las horas
que pasan en el reloj del tiempo,
mientras los pensamientos
son los minutos que viste pasar
en el caminar de una vida
que se acaba en el abismo del recuerdo
con sus gemidos de pesares,
que son retratos en blanco y negro,
a veces una bocanada de aire
les da vida por un instante, para el siguiente
morir abrazados al silencio
en la soledad de la mente.

De cuando en cuando,
en ese descanso del tiempo,
al mirar las sombras
que las palabras dibujan,
de tus pensamientos,
nuevos arrabales aparecen
con el aroma de una nueva flora
que en su primavera se abre
serenando la simiente de tu campo viejo;
otras en cambio,
esos arrabales no aparecen,
son desiertos baldíos de rocas muertas
que en el invierno del tiempo
cicatrices muestran, dejando escrito
con pincel y tinta china
el nombre de quien un día
herida ha dejado.

Del Poemario El Eco del Tiempo

Pippo Bunorrotri.

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