Hay una fecha
temblando en un lugar del tiempo.
Todavía no escrita.
Pero alguien la sabe.
Te ha asaltado, a veces,
como un escalofrío en el crepúsculo,
como la foto postrera de tu padre
en el sillón de mimbre
bajo el álamo más alto del jardín.
Luego te ríes
y te doras al sol de todos los crepúsculos.
Y enciendes una vela más en cada aniversario:
al fin y al cabo
sólo las hojas de los árboles
saben su fecha de caducidad.
Ahh que bueno, esa fecha incierta de tus versos y de la vida o de la muerte!!!, que certero amiga!!!, tan solo las hojas de los árboles saben su fecha de caducidad!!! bssss!!!